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Roberto Cruz

Era junio de 2003 cuando Roberto Cruz decidió con orgullo seguir los pasos de su padre y se unió al Ejército.

Fue enviado en misión a Tikrit, Irak, en enero de 2005, donde de inmediato participó del combate. "El primer día que llegué a Iraq, llegué de noche", cuenta, "y por la mañana siguiente fuimos a patrullar a pie y comenzaron a dispararnos. Fue como si, bueno, esto es Iraq".

El día 14 de agosto de 2005 comenzó como muchos otros días. Roberto estaba a punto de completar el turno de vigilancia de ese día. Estaba hablando con su Sargento cuando oyó disparos. "Te acostumbras tanto a eso que realmente no prestas atención".

De repente, Roberto estaba tirado boca arriba. Su sargento pensó que estaba bromeando y le pidió que se levantara. Pero Roberto no se podía mover ni sentía sus piernas. "Recuerdo que me subieron al helicóptero y me pusieron oxígeno, y luego recuerdo que me desmayé. Desperté una semana después de eso en Walter Reed (Army Medical Center)".

Fue entonces cuando los médicos le explicaron que su brazo izquierdo estaba tan herido que casi debieron amputarlo. Y peor aún, la bala había entrado en su espalda. Le dijeron que había sufrido traumatismo de la médula espinal y que probablemente nunca volvería a caminar.

Incluso sus familiares intentaban disuadirlo de ser optimista. Pero Roberto les decía que estaba decidido a caminar otra vez y que creía que lo lograría. "Pasó una semana y comencé a mover mis dedos, y los médicos estaban impresionados", dice Roberto. "Luego de un año aproximadamente, comencé a caminar con un andador".

Aún así, la vida le sigue presentando obstáculos. Roberto tuvo que aprender nuevamente a hacer tareas cotidianas sin usar su mano izquierda. Admite haber estado un poco deprimido hasta que supo que se convertiría en padre. Hoy Roberto tiene una pequeña hija que describe como "su vida entera". Dice, con una sensación de orgullo y logro: "Puedo cuidarla. Puedo hacer todo por ella. Cambié pañales, hice todo como una persona normal y, para mí, eso fue fabuloso".

Roberto conoció Wounded Warrior Project® (WWP) porque recordó su tan necesaria mochila de WWP que recibió en Walter Reed Army Medical Center. Había conocido a un par de veteranos a través de VA. En 2006, él y su familia asistieron a un evento de esquí de WWP en Breckenridge.

"Nunca pensé que podría esquiar", dice, "y lo hice con mis compañeros; estaba tan sorprendido".

Ese evento despertó la curiosidad de Roberto. Entonces comenzó a explorar WWP en línea y a hablar con veteranos y se enteró del programa TRACK™, que ayuda a los veteranos heridos a acceder a la educación universitaria. Mientras más información obtenía Roberto, más se daba cuenta de que TRACK era lo que necesitaba.

Roberto dice que es mejor de lo que imaginaba. "Me va mejor de lo que pensaba en las clases, y es maravilloso. Me gusta mucho; no quiero que se termine". Quiero graduarme y quizás trabajar en el área de terapia o trabajo social", afirma. No puedes evitar tener la sensación de que Roberto puede lograr todo aquello que se proponga.

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