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Lisa Hopkins y Josh Sommers

Cuando en 2010 la llamaron para informarle que su hijo, Josh Sommers, había estado cerca de morir por causa de una granada en Afganistán, Lisa Hopkins supo que su prioridad ahora era su hijo. De inmediato dejó su empleo en una fábrica y su hogar en Ohio para tomar un vuelo y estar junto a Josh.

"Tuve que dejar todo pero sabía que eso era lo que tenía que hacer", dijo Lisa. "Fue muy duro verlo. Pero supe que tenía que estar con él".

Con la ayuda de Fisher House Foundation, Lisa se quedó en Tampa durante los ocho meses que Josh estuvo en coma. Lo visitó en el hospital desde las 7 a. m. hasta la hora de acostarse todos los días. Cuando a Josh le sacaron la sonda nasogástrica, Lisa lo llevó en silla de ruedas al zoológico en su estado comatoso para intentar estimular su cerebro. Lo llevó al acuario y le señaló los peces y las ballenas esperando una respuesta.

"En ese momento nos dijeron que eso era todo lo bien que estaría alguna vez", dijo Lisa. "Pero estaba decidida a intentarlo todo para que se mejore".

Josh finalmente despertó en marzo de 2011. Fue el comienzo de una nueva vida para ambos: Lisa sería cuidadora a tiempo completo y Josh su paciente a tiempo completo. Josh tuvo que aprender nuevamente a cepillarse los dientes, ponerse una camisa y alimentarse. Sigue parcialmente ciego, sordo y paralizado en su lado izquierdo, pero con su esfuerzo y los cuidados constantes de Lisa, ya ha revertido su diagnóstico.

"Por momentos parecía que quedaría discapacitado toda mi vida", cuenta Josh. "No soy invencible, y todos tenemos problemas, pero he aprendido a no rendirme".

Josh se había enlistado en el Ejército de Estados Unidos en 2008, buscando una manera de servir a su país y la oportunidad de tener una carrera para toda la vida. Comenzó a trabajar en inteligencia en la base de operaciones avanzada en el este de Paktika, una provincia en Afganistán. Quiso ayudar a su equipo en el frente y pidió ser transferido a la infantería.

Cuatro meses después de su despliegue, Josh estaba escondido detrás de un árbol para supervisar un campo de entrenamiento insurgente cuando una granada propulsada por cohete le explotó cerca.

"Lo veo como parte de la vida y lo que pasó, pasó", declara. "No me arrepiento de unirme al ejército. Ni por un segundo. Quería servir a mi país. Quería ser parte de algo, salir allí y hacer algo más que una tarea inusual".

La familia encontró un poco de normalidad cuando Lisa escuchó de Wounded Warrior Project® (WWP). Ansioso por conocer gente y poder relacionarse, viajaron a Chicago en agosto de 2012 para el espectáculo aéreo y acuático. Josh dijo que fue la primera vez que se encontró con veteranos que entendieron sus batallas y que pudo compartir historias de recuperación.

Los eventos deportivos de WWP ayudaron a Josh a mantenerse activo de un modo que nunca antes habría imaginado. El año pasado, Josh practicó esquí acuático y alentó a los Cleveland Indians con otros veteranos.

"Es maravilloso que den a soldados como yo la oportunidad de hacer cosas que nunca hubiésemos podido hacer, discapacitados o no", dice.

En octubre, Josh caminó 1,000 pies por primera vez sin la ayuda de una cinta. Su objetivo es recuperar la movilidad plena en cinco años y aprender Braille para poder regresar a su pasión por la lectura. Y antes que nada, quiere que otros veteranos sepan que hay esperanza.

"Quiero inspirar a la gente", dice Josh. "La gente puede mirarme y decir 'Si este hombre puede, nosotros también podemos'".

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