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John Rego

John Rego compara dejar el Ejército con liberar a un perro de su correa. Sin un superior que le indicara lo que debía hacer y sin planes para su vida después de su período de servicio, John se lanzó directamente a una serie de malas e impulsivas decisiones.

"Es demasiado traumático vivir una vida estructurada que te vuelve disciplinado y te exige responsabilidades, para luego empezar a vivir de un modo totalmente libre. Tienes la sensación de que tus responsabilidades civiles ya no son tan importantes como solían serlo. Es un shock cultural tremendo", dice John.

La odisea que terminó con la baja médica de John comenzó durante su destacamento en Irak, en 2003, cuando un edificio en el que estaban él y sus compañeros del 75° Regimiento de Rangers colapsó. Parte del techo y la sección transversal de una viga de acero aplastaron su cuerpo, lo cual le provocó lesiones en el brazo derecho, la pelvis, las costillas, el estómago, la vejiga y los intestinos.

John pasó aproximadamente una semana en coma y luego, dos meses completos en el hospital. Poco después de eso, regresó a casa. Mientras su cuerpo seguía sanando, su mente luchaba por recuperarse. John fue el único del grupo que sufrió lesiones realmente graves en el accidente y se sentía culpable por haber dejado a sus amigos solos para concluir la misión. Comenzó a extrañar la vida militar. Las frustraciones de John derivaron en sobrepeso. Su peso máximo llegó a ser de 235 libras, es decir, un aumento de casi 60 libras por encima de su peso normal. Estaba dejando que sus lesiones definieran su vida y eso comenzó a provocarle daños que no tenían nada que ver con su físico.

"El concepto que tenía de mí mismo era el de un veterano herido. Creía que nunca podría volver a ser valioso como antes. Pensaba que, como estaba lesionado, nunca más podría llevar una vida activa", dice John.

Eso cambió cuando John fue contactado por un coordinador de salud y bienestar regional de Wounded Warrior Project, quien convenció a John de formar parte de un entrenamiento auspiciado por Under Armour en Baltimore. Cuando llegó al gimnasio, John vio a un grupo de veteranos heridos que no permitían que sus discapacidades les impidieran llevar una vida saludable. Le impresionó ver de qué manera se ajustaba cada tipo de entrenamiento a las lesiones de los veteranos.

"Había muchachos en silla de ruedas y otros tenían miembros amputados. Era genial estar con un grupo de personas en el que todos tenían alguna discapacidad física, pero la cuestión es que todos estábamos allí para entrenar", dice John.

John quedó encantado. En poco tiempo, ya estaba compitiendo en un Tough Mudder y se ejercitaba seis veces por semana. Aprendió a entrenar los músculos que rodean las áreas lesionadas para fortalecer, sin estresar, las zonas más débiles de su cuerpo. En el caso de John, esto implicó hacer planchas en vez de abdominales regulares o superiores para que su estómago e intestinos no se vieran perjudicados.

Entrenamos esos músculos de soporte cada vez más y logramos fortalecerlos. Con el tiempo, recuperé mi condición física. Fue más rápido de lo que te imaginas", dice John. "Esto cambió mi vida".

Además de brindarle los medios para entrenar la fuerza, Wounded Warrior Project le enseñó a John, mediante una clase sobre bienestar, la importancia de reemplazar los alimentos procesados por comida saludable a base de ingredientes totalmente naturales. Este tipo de alimentación le dio a John más energía y le ayudó a dormir mejor. A medida que el sobrepeso de John disminuía, sus sensación de culpa y su ansiedad también iban disminuyendo. John entró en un ciclo positivo: cuanto más peso perdía, mejor se sentía consigo mismo, lo cual le impulsaba a esforzarse cada vez más. El bienestar físico también contribuyó a su bienestar mental.

"Me llevó algo de tiempo comprender que nunca volveré a ser el hombre que fui en el Ejercito. Pero puedo trabajar con lo que tengo para convertirme en la mejor versión de mí mismo", dice.

Además de sentirse impulsado por su bienestar físico, John se sintió estimulado por el nacimiento de su hijo en 2012. La paternidad impulsó a John a seguir mejorando su estado de salud, no por sí mismo, sino por su hijo. Por primera vez, volvió a sentir esa sensación de responsabilidad que creía haber perdido al irse de los Rangers.

"Quiero llevar una vida saludable para poder estar con mi hijo. Todo lo que hago ahora está orientado a garantizarle una vida mejor", dice John.

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