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Jim Mylott

Hace algunos años, el veterano del Ejército de Estados Unidos Jim Mylott se analizó a sí mismo profunda y largamente, y advirtió que un enorme vacío había reemplazado lo que solía ser su vida. Pero en realidad, ese vacío se sentía más bien como una montaña demasiado difícil de escalar.

"Los pensamientos suicidas son algo real para un veterano sin rumbo", dice Jim. "Es algo de lo que nadie quiere hablar, pero debemos hacerlo. Debemos hablar sobre las cosas negativas para poder llegar a los aspectos positivos. Si podemos lograr que al menos una persona elija no suicidarse, cambie su mentalidad y elija la vida, todo el esfuerzo habrá valido la pena".

De acuerdo con las últimas estadísticas del Departamento de Asuntos de Veteranos, en Estados Unidos se suicidan 22 veteranos por día. Jim admite que estuvo a punto de pasar a formar parte de las estadísticas y atribuye a Wounded Warrior Project® (WWP) el hecho de seguir vivo.

"Antes de que WWP llegara a mi vida, solía tener problemas de ira. Estaban destruyendo mi vida, mi matrimonio y mis relaciones. Jamás me sinceraba con otros ni hablaba de lo que me pasaba, hasta que asistí a un evento de Project Odyssey® event. Cuando regresé, era otra persona, había dejado muchos de mis problemas enterrados allí".

Jim sabe que para un veterano que lucha contra el trastorno por estrés postraumático (TEPT) no es fácil sincerarse y hablar sobre lo que pasa dentro de su mente, y no pretende afirmar lo contrario. Pero insiste en que es una decisión que debe tomarse, porque cambia por completo la vida de la persona. Él mismo tiene las "cicatrices" mentales como evidencia de ello.

En julio de 2003, en Ad Diwaniyah, Iraq, el puesto de control de Jim fue embestido por un camión equipado con explosivos. Mientras el camión avanzaba a toda velocidad a él, uno de los soldados de Jim lo arrojó hacia la cabina de un vehículo Humvee que estaba cerca, con lo cual le salvó la vida pero absorbió todo el impacto que provocó el camión al chocar. Murió en los brazos de Jim, después de haber sacrificado su vida valientemente para salvar al líder de su escuadrón.

"Me desperté en el hospital prácticamente sin memoria", dice Jim, "pero con el sentimiento de culpa del sobreviviente. En mi mente, su rostro era lo último que veía antes de quedarme dormido y lo primero que veía al despertar. Me estaba volviendo loco".

Jim pasó los dos años siguientes en el hospital. Varios médicos le dijeron que jamás volvería a caminar, pero Jim estaba decidido a salir de la silla de la ruedas y avanzar sin la ayuda de las muletas. Con el tiempo, pudo ponerse de pie y demostrar que todos habían estado equivocados.

Sin embargo, estaba perdiendo la batalla que se libraba dentro de su ser.

"Para mí, tener TEPT y una lesión cerebral traumática (LCT) es como tener cáncer al alma", dice Jim. "Me sentía como perdido en una nebulosa".

Un día, mientras le gritaba a su pequeña hija por ponerse los zapatos al revés, Jim finalmente comprendió que necesitaba ayuda.

"Actuaba como un sargento intimidando a su tropa", dice Jim. "De repente, mi hija alzó sus manos, tocó mi cara y me dijo: 'Papito, por favor no grites'. En ese momento supe que algo debía cambiar. Descubrí WWP y ahora, ya no estoy en esa situación de riesgo, manejo mejor las cosas, lidio mejor con todo y vivo mejor".

A partir de su mejora, Jim ha reconstruido su relación con su esposa e hija, y su segunda oportunidad en la vida le ha llevado a capacitarse para ser mentor de veteranos en WWP. Ahora, dice que hay que pelear una nueva batalla: la que busca salvar las vidas de los 22 veteranos que cada día se suicidan.

"Muy en el fondo, el espíritu de un veterano es el de un sobreviviente. Yo sobreviví, y cualquiera que esté luchando con el TEPT, una LCT o cualquier otra herida de guerra puede sobrevivir también. No me estoy muriendo por el TEPT; estoy viviendo con el TEPT. Elijo vivir con este trastorno. Elijo hablar de él. Cada vez que puedo hablar sobre el TEPT, no solo en general sino también con otro veterano, sano un poco más. Cuando te acercas a otro veterano, aparecen tus instintos de supervivencia y te dices a ti mismo: 'Puedes hacer un gran trabajo con él. Puedes ayudarlo'. Así que cuando un veterano me dice que quiere terminar con todo de una vez, le digo: 'Está bien, hazlo... pero mañana. Hoy vivirás"'.

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