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Carlos De León

"Quería encontrarle un sentido a mi vida", dice Carlos De León sobre el motivo por el que ingresó al Ejército. "Y sentía que ser un soldado era uno de los más grandiosos objetivos que cualquier estadounidense podía tener". Sin embargo, para comprender esta necesidad que Carlos tenía de encontrarle un sentido a su vida, es necesario saber un poco sobre lo que él vivió siendo más joven.

Durante los años previos a su adolescencia, Carlos vivió en Lawrence, dentro del área de Massachusetts, pero también solía pasar algo de tiempo con su padre en Juana Diaz, Puerto Rico. A la edad de 12, Carlos se mudó a Puerto Rico a vivir con su padre y se convirtió en un estudiante sobresaliente.

Tres años después, contra los deseos de su padre, Carlos regresó a Carolina del Norte a vivir con su madre. Carlos se esforzó por adaptarse cultural, social y emocionalmente con lo cual, su rendimiento académico se desplomó. Carlos recurrió a su padre y decidió volver a Juana Diaz.

Sin embargo, le período que Carlos pasó en Puerto Rico fue efímero por el huracán Georges destruyó su hogar y Carlos fue enviado de regreso a Massachusetts.

"Cuando mi padre me dijo que debía regresar a Massachusetts, pude ver la tristeza en su mirada", dice Carlos. "Sentía que tal vez, por su culpa, yo podría terminar en una vida indeseable".

En Massachusetts, Carlos tuvo empleos poco comunes para poder sobrevivir. Pasaba todo el tiempo junto a su primo, Victor. En Noviembre de 1998, Victor fue brutalmente atacado y le dispararon en la cabeza. Sorprendentemente, Victor sobrevivió y Carlos comprendió mejor que nunca lo mucho que necesitaba salir de esa vida. Carlos se inscribió en Job Corps y obtuvo su título GED.

"Antes de ingresar al Ejército, mi vida era un poco inestable", dice Carlos. "Intentaba ordenar mi vida pero la situación en la que me encontraba no era sencilla.

"Crecí en medio de obstáculos constantes. Iba a las casas de mis amigos y veía que sus padres eran miembros del Ejército, veía a sus madres, sus bonitas casas, todos los niños vestidos impecablemente. Admiraba la estabilidad de esas familias y el respeto que se profesaban. Veía que era posible tener otra vida. Así que hablé con un reclutador y en enero de 2000, ya iba de camino al campamento militar para convertirme en soldado del Ejército".

Carlos fue capacitado para desempeñarse como mecánico del Ejército y prestó servicio en muchos lugares, incluyendo un fatídico destacamento en Bagdad, en 2007. Su vida cambiaría el 11 de agosto de ese año, día en que caminaba por la base de camino a llamar a su padre para felicitarlo por su cumpleaños. Allí fue cuando comenzaron a caer los proyectiles de lanzabombas sobre la base.

"El primer refugio que vi fue una abertura entre varios compartimentos grandes de metal", explica. "Mientras corría hacia ellos, uno de los proyectiles cayó justo detrás de mí".

Gravemente herido por los fragmentos metálicos del proyectil, Carlos fue trasladado al hospital de la base, en un principio, posteriormente a Kuwait y luego a Landstuhl, Alemania, luego de lo cual finalmente regresó a Estados Unidos.

"Mi rehabilitación y recuperación han sido muy difíciles, tanto física como mentalmente", dice Carlos. Los tratamientos incluyen inyecciones frecuentes en la parte posterior de su cabeza para aliviar las jaquecas casi permanentes que le provoca su lesión cerebral traumática. Sin embargo, Carlos ha encontrado su gran apoyo en su familia y en Wounded Warrior Project®(WWP).

"WWP me contactó inesperadamente y me habló sobre el programa TRACK™ en Jacksonville. Y pensé: 'Dios mío, ¡Florida! Ese es el lugar al que siempre había querido ir'.

"Si tuviera que describir a WWP, ni siquiera sabría por dónde empezar", dice Carlos. "Esta gente ha estado a nuestro lado en los mejores y peores momentos, incluso en aquellos en los que más la hemos necesitado.
Wounded Warrior Project nos ha salvado la vida, especialmente durante el proceso de recuperación".

Carlos ya ha completado el programa TRACK, que constituye el primer centro educativo de la nación diseñado específicamente para veteranos heridos, y actualmente, vive junto a su familia en Jacksonville, donde continúa sus estudios sobre tecnología de la información.

"Mi familia es lo más importante para mí", dice. Su esposa, Jellitza, está estudiando para obtener su título de enfermera. Su hijo adolescente ya está haciendo planes para ir a la universidad. Y su pequeña hija canta, baila y juega al fútbol. "Me hacen muy feliz", dice Carlos.

"Yo ingresé al Ejército porque quería tener una nueva vida y no lograba encontrar el camino", agrega. "Para mí, el Ejército fue ese camino. Hago lo posible para que mis hijos tengan más de una opción en sus vidas. Sea que opten por la vida militar, por la universidad, por los deportes o por cualquier otra cosa, tienen tantas opciones que nunca deberán decir que tomaron un determinado rumbo porque no tenían más posibilidades. Mi esposa y yo sabemos que hemos hecho todo lo posible para darles a nuestros hijos lo que necesitan".

Y eso también es una meta sumamente honorable para un hombre que valora los objetivos.

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