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Bobby Woods

"Alrededor del 96 por ciento de todas las personas que sufren una lesión en la cabeza durante el combate, mueren allí mismo. Ya conocía esa estadística incluso antes de irme, gracias a mi madre", dice Bobby riéndose. "Me dio muchas más estadísticas de las que hubiera querido tener".

En agosto de 2010, cuando un proyectil talibán destruyó su cráneo y llegó a su cerebro, Bobby supo que no tendría muchas posibilidades de sobrevivir. "Pensé que iba a morir. El hecho de que todavía esté aquí es un milagro".

Para empezar, el mero hecho de que ese día estuviera en el Distrito de Zhari, en Afganistán, ya era, de por sí, algo insólito. A pesar de la trayectoria de su familia en el servicio militar, Bobby no tenía intención alguna de continuar el legado.

"Mi hermano y yo juramos más de mil veces que nunca ingresaríamos al Ejército", dice Bobby. "Pero los dos terminamos haciéndolo. Al inicio de mi penúltimo año universitario en la University of Georgia, pensaba en asistir a la Facultad de Derecho y me preguntaba de dónde sacaría el dinero para pagarla. Así que se me ocurrió enlistarme en el Ejército de Estados Unidos y luego hacer uso de la ley G.I. Bill. Mi hermano y yo ingresamos al mismo tiempo".

Pero Bobby no se limitó a enlistarse, se enlistó en la infantería.

"De hecho, acepté hacer siete años solo para poder ingresar a la infantería", dice. "Asistí a la Army Ranger School y presté servicio en la 101° División de Aeronáutica".

El padre de Bobby, que prestó servicio en el Ejército durante 31 años y se retiró como Brigadier General, no intentó incidir en la decisión de su hijo.

"Mi padre era papá antes que general", dice Bobby. "No intentó persuadirme en lo absoluto. Pero nos habló de todas las opciones. Siempre se comportó como un papá".

La decisión que Bobby tomó de prestar servicio en la infantería le ubicó en una situación peligrosa cuando le enviaron en misión a Afganistán. Su unidad, que era inferior en número a las unidades enemigas, necesitaba desesperadamente refuerzos que parecían no llegar nunca.

"Los refuerzos debían llegar tres o cuatro semanas después que nosotros pero al final, demoraron cinco meses y medio en llegar", explica Bobby. "Fueron más los enfrentamientos armados que los días que llevábamos en el país. Estábamos casi todo el tiempo en la línea de fuego".

Un día, mientras hacía las rondas de vigilancia, Bobby fue gravemente herido en un tiroteo. Las cirugías que le practicaron en Kandahar, Afganistán y en Bethesda, Maryland, en el Walter Reed National Military Medical Center, le ayudaron a salir adelante y su madre también fue un gran apoyo. La mujer que le había hablado sobre las pocas posibilidades de sobrevivir a una lesión cerebral era la misma que le ayudó a superar la suya propia.

"Mi mamá fue mi mayor apoyo", dice Bobby. "Ella se encargaba de administrar ocho o nueve negocios, pero dejó de hacerlo para estar a mi lado. Se mudó conmigo de Washington DC a Tampa, luego a Fort Campbell y más adelante me acompañó de regreso a Bethesda y Walter Reed, y también fue conmigo a Vanderbilt. Ella me aconsejó en todo momento".

Bobby también encontró apoyo en Wounded Warrior Project® (WWP) mientras se recuperaba en el hospital de Tampa.

"No disfrutaba muchas de las visitas que recibía mientras estaba en el hospital porque eran de personas que nunca volvería a ver después de la lesión", recuerda Bobby. "Pero con la gente de WWP, sentía que se ponían en mi lugar y que realmente se interesaban en mí, no solo en mi condición de ser humano sino como veterano herido".

Los mejores recuerdos que tiene de WWP hasta el momento son los de su viaje a Alemania, donde Bobby visitó el Landstuhl Regional Medical Center para agradecer a los médicos y profesionales de enfermería por haberlo ayudado cuando se accidentó y para hablar con miembros del Ejército que habían sufrido heridas recientemente.

"Fue fabuloso conocer a las tropas de soldados que habían sido heridos en combate poco tiempo atrás", dice Bobby. "Espero haberles transmitido la misma motivación y esperanza que me llegó a través de WWP. Las heridas sufridas en combate son algo difícil, pero les explicamos que, con el tiempo, la vida volverá a ser buena, sin importar cuán grave haya sido la herida.

Bobby también participó en varios eventos para miembros de WWP, en los cuales compartió momentos con sus colegas veteranos y cosechó al menos una amistad que le ayudó a hacer de su viaje a Alemania una experiencia aun más especial.

"Pude compartir la experiencia con un amigo muy cercano a quien había conocido en otros eventos de WWP", recuerda Bobby. "Gracias a WWP, conocí a alguien que se convirtió en mi confidente, alguien en quien puedo confiar y a quien puedo recurrir cuando necesito ánimo. WWP hace una fabulosa tarea al encontrar personas con maneras de pensar similares y generar un contacto entre ellas. Esos contactos facilitan las cosas".

Aunque ha recorrido un largo camino, Bobby sigue lidiando con problemas. "Tengo una disminución de al menos un 80 por ciento en la visión del ojo izquierdo", dice. "He perdido 30 puntos de mi coeficiente intelectual. Aún tengo un coeficiente por encima del promedio, pero no es tan alto como antes. Así que muchas cosas han cambiado, pero aprendes a vivir con esos cambios y sigues adelante.

Seguir adelante es exactamente lo que él está haciendo. Hace poco, Bobby completó su Licenciatura en Administración de Empresas en la University of Georgia y está terminando de armar su propio negocio, una granja de pollos en el noreste de Alabama.

"En definitiva, intentaré hacer todas las cosas que siempre he querido hacer", dice Bobby, "y deseo trabajar arduamente para alcanzar mis objetivos. Quiero hacer todas las cosas que debo hacer".

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