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Mark Lalli

Cada vez que Mark Lalli piensa en sus dos abuelos, se le iluminan los ojos.

"Ambos lucharon en la Segunda Guerra Mundial", dice Mark. "Era mi sueño seguir sus pasos. Siempre quise ser G.I. Joe. Parecía divertido y quería jugar un poco al Ejército".

Mark dice que hay un legado de servicio militar en su familia que se remonta a los días de la Revolución Estadounidense. El turno de Mark llegó en noviembre de 2002 cuando se enlistó en el Ejército una semana después de cumplir 17 años.

"El 11 de septiembre me motivó a hacer todo lo posible por servir y proteger a mi país".

Eso es exactamente lo que hizo Mark: prestó servicio en Iraq. Como jefe de la unidad UH-60, su tarea consistía en asegurarse de que todo funcionara bien en las aeronaves para poder completar sus misiones. También voló en misiones como artillero de puerta.

Fue en la aeronave de otra persona donde Mark experimentó una tragedia que le cambió la vida.

"Estaba en un ejercicio de entrenamiento conjunto con la Fuerza Aérea de EE. UU. el 8 de noviembre de 2007. Nuestra aeronave tenía una falla irrecuperable. Teníamos 11 almas a bordo pero solo cinco sobrevivieron. Fui uno de los afortunados. Sufrí una lesión cerebral traumática (LCT), además de más de dos docenas de huesos fracturados. Sufrí pérdida de memoria a corto plazo y alguna parálisis".

La aeronave giró varios cientos de pies antes de estrellarse contra el suelo.

"Lo primero que pensé fue en hacer todo lo que pudiera para ayudar a quienes estaban en la parte trasera de la aeronave. Intentaba calmarlos a todos mientras girábamos porque hay un punto donde no hay retorno. El golpe me dejó inconsciente y me desperté del coma un mes y medio después".

El siguiente momento de consciencia de Mark fue en Walter Reed Army Medical Center. Estuvo allí por dos semanas aproximadamente y luego fue trasladado a James A. Haley Veterans' Hospital en Tampa, Florida, donde se rehabilitó durante 19 meses.

"La rehabilitación fue dolorosa", dice Mark. "Y por momentos quise darme por vencido. Pero creo que se lo debo a esos seis soldados que murieron en el choque. Me dieron la oportunidad de vivir, y hoy vivo en su honor".

Fue en Tampa donde Mark conoció a un coordinador de ayuda de Wounded Warrior Project® (WWP).

"Conocí a otro veterano en WWP que tenía una lesión en la mano; tenía una amputación. Pero me demostró que no era el final. Me inspiró a creer que todavía todo es posible. Siempre hay vida, incluso cuando estás confinado a una silla de ruedas. WWP me ayudó con mis reclamos a VA, llevándome a excursiones de caza y, honestamente, me ayudó a despejarme".

El apoyo que Mark recibe de los hombres y mujeres de WWP lo hace sentir que está con su pelotón nuevamente.

"El compañerismo te ayuda a compartir experiencias; a reflejarte en las experiencias del otro; lo que te ha ayudado y lo que les ha ayudado a ellos".

Ahora Mark lucha apasionadamente por sacarse de encima los estereotipos que la gente tiene de Wounded Warriors.

"Los veteranos son miembros activos de la sociedad", dice. "Acepta cada día tal como se presente. Encuentra lo que te resulta bien y aférrate a ello, y simplemente aléjate de lo que no funciona. Cada día es un día de vida. Recuerda a todos aquellos que hemos perdido y deja que su memoria sea tu motor".

Estos recuerdos definitivamente han motivado a Mark. Cuando la gente le dice que no puede hacerlo, esto solo lo impulsa a intentar con más fuerza.

"Estoy llegando al punto en que soy independiente otra vez y mis objetivos para el futuro son formar una familia y ser la mejor persona que puedo llegar a ser en cada aspecto de mi vida".

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