Ir al contenido principal
Jessica Coulter

Cuando Jessica Coulter llegó al punto en que no podía comprar comida para ella y sus dos hijos, comprendió que había llegado el momento de pedir ayuda.

Hasta ese momento, Jessica no había querido recurrir a la caridad. Era veterana de la Fuerza Aérea pero nunca había sido herida en combate, de modo que no se sentía con derecho a pedir ayuda en el hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos.

Sin embargo, cuando una trabajadora social del VA se enteró de cuál era su situación, es decir, una madre soltera sin posibilidad de encontrar un empleo estable que luchaba contra el estrés y la ansiedad, le entregó una tarjeta de regalo de Wal-Mart de Wounded Warrior Project (WWP) para ayudarle a comprar comida.

"No podía creerlo", dice. "No tenía dinero ni pensión para menores y de repente había alguien que quería ayudarme".

La ayuda de WWP que comenzó en 2010 con una tarjeta de regalo llegó a ampliarse de tal manera que le permitió a Jessica entenderse como persona y comprender cuáles eran sus luchas. Le ayudó a comprender cuánto le estaba afectando en su vida cotidiana una violación que había sufrido en 2000 y que nunca había denunciado.

El ataque se produjo un año después de que Jessica ingresara a la Fuerza Aérea, en una oportunidad en que ella y sus amigas estaban en la base militar Scott Air Force Base, en Illinois, haciendo un asado para celebrar el fin de semana.

Jessica dice que un amigo, que era oficial de la policía militar, la violó en su habitación, en el cuartel. Esto le provocó una enorme sensación de culpa, confusión y resentimiento.

Quería contárselo a su supervisor, pero después de ver el trato que habían recibido otras víctimas de violación, le pareció que no podía hacerlo.

"Sentía que no podía decirle lo que había pasado, porque él diría que había sido mi culpa", cuenta Jessica. "En esa época había muchas denuncias por violaciones y una escuchaba el trato que recibían las mujeres que las habían sufrido. No le veía salida a la situación".

A pesar del trauma, Jessica completó una misión en Arabia Saudita en 2000, se casó en 2001 y tuvo dos hijos. Pasó a la reserva en 2007 y dejó la vida militar en 2009.

El estrés de los frecuentes períodos de destacamento y la ansiedad de Jessica por su trauma no tratado llevó a que se separara y, eventualmente, se divorciara de su marido.

Cuando se mudó de regreso a Newport, Rhode Island, su ciudad natal, Jessica tuvo que batallar con la confusión, la ansiedad y la dificultad para mantener un empleo estable. Al no tener un ingreso fijo, llegó casi al punto de la indigencia.

Luego de recurrir al VA, WWP siguió apoyándola de diferentes maneras. Aunque ya le habían despejado el camino, Jessica comprendió que dependía de ella dar los siguientes pasos.

"Es ayuda integral, no caridad", dice. "Todo comenzó con tarjetas de regalo y ayuda en Navidad pero la auténtica ayuda fue que me enseñaron cómo defenderme por mí misma y lograr un estado de bienestar".

Luego de convertirse en miembro de WWP en 2011, Jessica viajó a Chicago para asistir a la competencia Dirt Girl Mud Run. Allí conoció a otras mujeres que, como ella, habían vivido experiencias de ataques sexuales en el Ejército.

"Esa fue la primera vez que escuché historias de otras mujeres que habían sido violadas pero no habían recibido ayuda", dice. "No estaba sola".

Gracias a sus charlas con veteranas en su misma situación y con terapeutas, Jessica se percató de que, durante los últimos diez años, todas sus luchas, desde no poder mantener un empleo estable hasta tener ansiedad y problemas de dinero, habían estado relacionadas con el estrés postraumático que le provocó la violación y que nadie diagnosticó.

Jessica siguió siendo miembro de WWP y la organización le ayudó a comprender la nueva ley G.I. Bill, como así también a redactar su curriculum vitae para reordenar su vida profesional. WWP también le asignó una veterana mentora para que pudiera hablar con un par cuando se sintiera abrumada, la incorporó a eventos para miembros, como escapadas a la nieve para practicar esquí, a fin de mejorar su autoestima y le facilitó el Programa de Asistencia para Veteranos, orientado a ayudarla con cualquier complicación legal.

Actualmente, Jessica está criando a sus dos hijos, enseña yoga en el Naval Undersea Warfare Center y da clases especializadas en varios centros de yoga de Newport. También asiste a clases de poesía oral y utiliza su historia para inspirar a otros a través de su arte.

"Lo que buscan es ayudarte a crecer para que puedas superar tus problemas, físicos o mentales, y vivir tu vida", dice.

Volver a Conoce a un veterano

INVOLÚCRATE CON WWP

Suscríbete a nuestro boletín informativo por email y obtén la información más reciente sobre eventos, recaudación de fondos y formas de hacer un impacto.