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James Rivera

James Rivera arrastró su sofá hasta una zona descampada cerca de Yulee, Florida, encendió un fósforo y le prendió fuego. Mientras estaba allí, de pie, observando cómo se consumía por las llamas, pensó: "El sofá se ha ido. ¡Que viva mi nueva vida!".

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) había consumido a James a tal grado que se había convertido en un prisionero de ese sofá; lo usaba para dormir, comer y ver televisión, que era, prácticamente, todo lo que hacía. Mientras el sofá se quemaba, James simbólicamente dio inicio a una segunda vida, con la firme determinación de desarrollar su mente, cuerpo y espíritu.

"Antes de descubrir Wounded Warrior Project® (WWP), vivía en una total apatía y estaba como a la deriva", dice James. "No me importaba nada. La guerra puede hacerte eso; sin embargo, siento que mis cuatro años en la Infantería de Marina de Estados Unidos han sido los mejores de mi vida".

Con todo, cada vez que se sentaba en ese sofá, no podía evitar recordar esos seis meses en Irak.

"Completábamos unas siete misiones por día, recorríamos un área de entre 120 y 150 millas haciendo patrullaje de seguridad en convoy. Yo era el conductor. Solíamos ir de Mahmudiyah a Escondoria, en el sur, luego hacia Bagdad y las zonas circundantes, después hacia Fallujah, más a las afueras, y de nuevo al sur, todo en el mismo día".

Uno de esos días, en noviembre de 2004, James dice haber aprendido de la peor manera que la tragedia puede sobrevenir casi como si quisiera hacer de la realidad una irónica broma.

"Acababa de decir: 'Esta ha sido nuestra misión más sencilla hasta el momento'. Al instante, un artefacto explosivo improvisado (IED) explotó en la carretera. Si lo hubiéramos planeado, no podía haber salido mejor, o más bien, peor.

James fue acribillado con fragmentos del artefacto pero logró acelerar el vehículo y alejar a sus hombres del peligro.

"Es la camaradería típica que hay entre los Infantes de Marina lo que te ayuda a sobrellevar el trauma, el estrés y la intensidad de la situación. Sin embargo, cuando finalmente regresé a casa, la camaradería había desaparecido y el trauma seguía allí. A medida que el TEPT inundaba mi mente y mis emociones, aumentaba mi sensación de soledad y mi depresión era cada vez más profunda.

Cuando un amigo le entregó un folleto del programa TRACK de Wounded Warrior Project® (WWP), James dice que sintió una chispa de motivación por primera vez en mucho tiempo.

"Lo leí y me dije: 'Esto es para mí'. TRACK me ayudó a recuperarme. No fue solo por el trabajo académico. Desarrollé aptitudes para controlar el estrés y vivir mi vida cotidiana que sigo utilizando día a día. TRACK me brindó la posibilidad de conocer a varios empresarios y me permitió adquirir la autoconfianza necesaria para lanzar mi propio negocio. Ahora trabajo de manera independiente, cumplo mi propio horario y vivo la vida en mis propios términos".

James agradece a WWP por haberle ayudado a dejar de vivir recluido.

"WWP me impulsó a abandonar el sofá y me ayudó a lograr muchas más cosas de las que jamás hubiera pensado. Me ofrecieron apoyo y me hicieron sentir que no estaba solo. Me ayudaron a comprender el TEPT y me enseñaron a lidiar con el trastorno. Por fin pude encontrarme con personas que estaban pasando por mi misma situación. Hoy en día, no me limito a "existir", vivo mi vida plenamente".

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