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Frank Sonntag

Frank Sonntag conocía bien el sonido de un lanzabombas en acción. Los insurgentes llevaban varios meses bombardeando la base de Balad, Iraq y los soldados que estaban apostados allí empezaron a llamar este lugar "Mortaritaville" (en inglés, "ciudad de las bombas"). Sin embargo, en esta oportunidad el ataque sonó diferente. Esta bomba llegó cerca.

En las películas, una explosión son muchas llamaradas y una mínima onda expansiva. En la vida real, es al revés. El proyectil del lanzabombas impactó a unos 70 pies de Frank, mientras él iba de camino al centro de operaciones del comando a recibir sus órdenes, en una mañana soleada e inusualmente fresca. Frank todavía estaba reflexionando sobre la jornada de trabajo que tenía por delante cuando la onda expansiva de alta velocidad comprimió las moléculas de aire que rodeaban el lado derecho del cuerpo de Frank e impactó en sus músculos, órganos y vasos sanguíneos. En el momento del impacto, Frank sintió que le abofeteaban el rostro y cayó sobre una de sus rodillas. Un segundo después, todo volvió a la normalidad. Frank se levantó, se sacudió el polvo y siguió adelante con su día.

"Como no estaba sangrando ni tenía cortes u otras heridas, me recuperé rápidamente", dice.

Fuera de una leve jaqueca y algo de náusea, Frank se sentía como siempre. De hecho, se sentía tan bien que cuando los miembros de su compañía le recomendaron ir al médico, se negó. Como era Sargento Primero, tenía enormes responsabilidades y era mucho lo que se esperaba de él. Su compañía abastecía unos seis millones de galones de agua a las tropas en solo un año de destacamentos. Frank sabía que las cantimploras de sus camaradas quedarían vacías si no hacía su trabajo.

"Me dije: 'Bien, tengo por delante un turno de 16 horas. No hay nadie que pueda cubrirme. No se preocupen por mí"'.

La decisión que tomó ese día resultaría ser uno de los peores errores de su vida. Durante los años que transcurrieron entre la explosión del lanzabombas y el momento en que finalmente buscó ayuda, Frank convivió con jaquecas debilitantes y violentas pesadillas. En ocasiones, se extraviaba mientras conducía a su casa. Otras veces, se olvidaba de lo que estaba haciendo mientras escribía un email o las oraciones salían de su boca agolpadas durante una conversación. Sin embargo, Frank decidió morderse la lengua, no decir nada y soportar la situación. Quería tener éxito en su trabajo y no quería que otros lo vieran como alguien débil.

"Tenía pesadillas durante toda la noche y jaqueca durante todo el día", cuenta. "No puedes funcionar en esas condiciones durante mucho tiempo cuando pasa algo así en tu vida. Fue una de esas situaciones de la vida en la que intentas actuar como un macho y esforzarte por soportar lo que te ocurre. Pero yo era terco. En definitiva, debía haber pedido ayuda muchos años antes".

La calidad de vida de Frank se había deteriorado tanto que para cuando llegó al hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos en Long Beach, California, en 2008, estaba al borde del suicidio.

Cuando los médicos finalmente examinaron a Frank, descubrieron una lesión en la cabeza y daño interno en el lado derecho de su cuerpo. Su arteria carótida estaba obstruida. También lo estaba su riñón derecho. Lo más probable es que ambas hubieran sido causadas por la conmoción cerebral que le había provocado la explosión del lanzabombas.

Además, Frank vivía con las consecuencias mentales del trastorno por estrés postraumático. Sin embargo, después de someterse a dos cirugías y a meses de terapia, Frank comenzó a reconstruir su vida. Con todo, su recuperación física no le trajo paz mental, especialmente porque estaba haciendo la transición a la jubilación, un proceso que suele ser apabullante. Fue en esa época cuando conoció a Norbie Lara, un vocero de Wounded Warrior Project (WWP) que también era un veterano herido.

WWP ayudó a Frank a prepararse para la jubilación y le brindó información sobre beneficios que desconocía, tales como una indemnización especial por haber estado en combate. También le hizo sentir que no estaba solo, algo realmente invaluable. Cuando asistió a una cumbre de miembros y habló con otros veteranos en su misma situación, sintió como si le hubieran quitado un peso de encima.

"Lloré durante todo un día porque encontré a personas que me entendían. Sabían exactamente por lo que yo había pasado. Conocer a otros como yo me demostró que había una vida para mí fuera del Ejército", dice Frank.

Para Frank, WWP representa un modo de salir adelante.

"Ahora puedo lidiar con muchas más cosas que antes, gracias a Wounded Warrior Project. Ellos me han demostrado que sin importar lo que hayas vivido, puedes tener un futuro y ese futuro puede ser bueno", dice Frank.

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