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Dozer Reed

La vida le ha enseñado a Dozer Reed una importante verdad sobre el legendario vaso de agua: "El vaso no está medio lleno ni medio vacío. El vaso solo tiene agua y eso es lo que debemos apreciar".

Esa es la actitud que Dozer adopta cada día después de pasar varios años en recuperación a raíz de un traumatismo de la médula espinal que sufrió cuando estuvo destacado en Irak, en 2005. En esos años se divorció, pasó por un doloroso tratamiento y sufrió la soledad que conlleva dejar el Ejército. Pero fue también durante esos años que se acercó a su gran amigo Joey Hooker, quien también es veterano, y tuvo una nueva oportunidad de vivir una vida con sentido a través de Wounded Warrior Project® (WWP).

"Descubrí mi misión en la vida", dice Dozer. "Soy una persona muy positiva. Es por eso que Dios me hizo sufrir este accidente, porque sabía que tendría la fortaleza para recuperarme y comenzar a estimular a otros".

El servicio militar de Dozer comenzó en la Infantería de Marina de Estados Unidos y, más adelante, continuó en la Guardia Nacional del Ejército, donde prestó servicio como auxiliar médico. En mayo de 2004, fue enviado en misión a Bagdad, Irak. Cuando llevaba siete meses en su destacamento, el 29 de enero de 2005, viajaba en un vehículo de recuperación Humvee que se desvió para evitar una barrera e impactó en un hoyo que había en la carretera. Dozer fue disparado contra el techo del vehículo, de modo que su cuello y espalda quedaron comprimidos, y luego cayó al piso sin poder respirar.

Dozer siguió participando de diferentes misiones en los siguientes cinco meses pero, eventualmente, colapsó por la lesión de su espalda. Dozer fue enviado de vuelta a casa, en Luisiana, donde fue sometido a seis cirugías para repararle la columna. Después de recibir la baja médica, su matrimonio se desmoronó y él perdió su perspectiva optimista de la vida.

"Fue en ese momento cuando mi vida se derrumbó", dice Dozer. "Caí en un lugar oscuro. Cuando volví a casa, tenía a alguien pero después, me quedé totalmente solo. Estaba destruido".

Dozer comenzó a buscar ayuda en línea y fue así como llegó al sitio web de WWP, donde rápidamente se inscribió para ser miembro. Fue a través de un viaje a las oficinas centrales de WWP en Jacksonville, Florida, que Dozer se contactó con Joey, quien también había prestado servicio en la Guardia Nacional de Luisiana y vivía cerca de Bossier City. Resultó que ambos tenían interés en los deportes, eran extrovertidos y amaban ayudar a los demás.

"Un día pasó por mi casa para charlar y desde ese momento, nos hicimos muy amigos", cuenta Dozer. "Podía contactarlo en cualquier momento. Ahora, nos apoyamos mutuamente cada vez que tenemos un día difícil. Es una excelente persona. Si a las personas se las juzga por sus compañía, teniendo a Joey cerca, puedo quedarme tranquilo".

Dozer ha recuperado su perspectiva positiva y actualmente, se mantiene en forma nadando, haciendo ciclismo y saliendo a correr. La familia lo mantiene equilibrado y es su apoyo en la vida. También participa activamente en la comunidad, donde se desempeña como entrenador del equipo de la Liga Infantil al que pertenece su hijo y es un orgulloso seguidor del grupo de porristas al que pertenece su hija. También se desempeña como mentor de veteranos en WWP y aprovecha cada oportunidad para estimular a los veteranos que sirvieron después del 9/11 a unirse a esta organización.

"No hago esto solo por mí", dice Dozer. "Yo sé lo que se siente estar solo. Es necesario el apoyo de una comunidad entera para sanar a un veterano: la familia, los amigos y todas las personas que te acompañan a diario. Debes aferrarte a esa esperanza y seguir adelante. Si compartes ese optimismo contagioso con la gente que está a tu lado, es mucho más sencillo seguir adelante".

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