Ir al contenido principal
Chad Brumpton

Para Chad Brumpton, la vida tal como la conocía terminó el Día de la Madre de 2005, junto a la ribera del río Éufrates en Irak.

En ese momento, Chad era comandante de tanque en la Compañía C, 4° Batallón de Tanques de la 4° División de la Infantería de Marina de Estados Unidos. Su M1 Abrams era el prototipo del tanque de combate. De hecho, su vehículo ya había estado expuesto a explosiones por artefactos explosivos improvisados (IED), pero apenas le habían dañado la pintura.

Sin embargo, la explosión del Día de la Madre fue diferente. El tanque de Chad pasó directamente por encima de un potente IED que estaba enterrado entre los escombros. La explosión destruyó la base del tanque y, por su fuerza, empujó la cabeza de Chad contra la escotilla, al tiempo que le destrozó las piernas.

El Sargento Luke Miller y el conductor del tanque de Chad, el Cabo Primero Fernando Lazalde, sacaron a Chad de entre los escombros en pleno ataque enemigo. Miller, quien más adelante sería condecorado con la Estrella de Bronce al Valor por sus valientes actos, regresó al tanque mientras este seguía en llamas para salvar al artillero del equipo, que también había sido herido por la explosión.

"Mi hijo lleva el nombre de Luke en honor a que me salvó la vida", dice Chad. "Creo que merece la Medalla de Honor del Congreso, pero debo admitir que estoy siendo algo subjetivo".

Los cuatro hombres sobrevivieron y, con el tiempo, Chad regresó a su Idaho natal para recuperarse.

"Mi objetivo era recuperarme a tal punto que todo volviera a ser como antes del accidente", dice Chad.

Desesperado por volver a tener una vida normal, deliberadamente acortó a unos siete meses un período de recuperación que debió haber sido de 18 meses. Recibió la baja médica de la Infantería de Marina e inmediatamente comenzó a trabajar como oficial de libertad condicional.

Al principio, Chad pensó que había alcanzado su objetivo de volver a tener una vida normal. Pero no fue tan sencillo.

"No tenía una buena calidad de vida", reconoce Chad. "Mi pie izquierdo no era totalmente funcional; había demasiados nervios lesionados. Los huesos se rozaban entre sí constantemente. Tenía que tomar analgésicos muy fuertes tan solo para levantarme de la cama. No solo estaba afectando mi salud, sino también mi trastorno por estrés postraumático (TEP)".

Chad finalmente enfrentó la realidad en 2008 y se sometió a una cirugía en la que le amputaron ambas piernas por debajo de la rodilla. Le llevó un año tomar la decisión pero, con el tiempo, esa decisión le permitiría vivir su vida con menos dolor y sin necesidad de tomar medicamentos recetados que le nublaban la mente. Su antigua vida realmente había terminado, pero en lugar de lamentarse por ello, decidió celebrarlo.

"Estaba ansioso de abandonar todos los analgésicos y empezar a hacer las cosas como antes", dice Chad. "Doce semanas después de la cirugía, me puse mi primer par de piernas. Me invadió una sensación de euforia cuando dejé la silla de ruedas y volví a estar de pie".

Los logros seguían acumulándose a medida que Chad iba descubriendo más y más cosas que podía hacer sin sentir dolor en las piernas. Primero, se enfrentó al snowboarding. Luego, en 2010, le hicieron a medida un par de piernas ortopédicas especialmente diseñadas para correr.

"Lo único que quería era volver a tener una vida activa", explica Chad. "Ahora, el objetivo de mi entrenamiento físico es tener un buen estado de salud y mantenerme joven para poder seguirle el ritmo a mi hijo".

Chad también decidió que era momento de cambiar de profesión. Renunció a su empleo de oficial de libertad condicional y se tomó un año para descansar y recuperarse. Después de hablar con las personas que le habían fabricado las prótesis, Chad aprendió un poco más sobre esa especialidad y comenzó a capacitarse para una nueva carrera.

"Me he sometido a una amputación y me gusta fabricar cosas, así que tener la posibilidad de usar herramientas para idear soluciones que satisfagan las necesidades de diferentes pacientes y, a la vez, poder probar nuevos pies ortopédicos es algo increíble", dice Chad.

El último obstáculo que Chad debió enfrentar en su recuperación fue tener control sobre su TEPT, con la ayuda de Wounded Warrior Project® (WWP).

"La mejor parte [de ser miembro de WWP] ha sido poder relacionarme con otras personas, ver a otros que han estado donde yo estuve y que pasaron por algunas de las mismas experiencias que yo tuve. Contar mi historia me ayuda a aceptar lo que ha sucedido y me ayuda a salir adelante cada día, a pesar de mi TEPT", dice Chad.

Ser mentor de otros veteranos también le ha ayudado a Chad a adaptarse a su nueva vida.

"WWP me dio la oportunidad de involucrarme en el Programa de Mentores para Veteranos y actualmente, soy mentor de un veterano de la Fuerza Aérea", dice Chad. "La sensación de brindar a otros la ayuda que yo recibí primero, explicándoles cuáles son los beneficios que les ofrece el VA y los demás recursos a su disposición, es algo fabuloso. Uno siempre se siente bien prestando un servicio a los demás. Presté servicio en la Infantería de Marina, presté servicio en las fuerzas policiales y hoy en día, sigo prestando servicio a otros".

Volver a Conoce a un veterano

INVOLÚCRATE CON WWP

Suscríbete a nuestro boletín informativo por email y obtén la información más reciente sobre eventos, recaudación de fondos y formas de hacer un impacto.