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Veterana destacada - Angie Peacock

Angie Peacock recuerda la primera vez que habló con un veterano de guerra que combatió después del 9/11. Era 2009, justo en un momento donde ella se estaba ocupando de su vida tras años de automedicarse debido a su depresión y trastorno por estrés postraumático (TEPT).

"No era necesario que explicaras lo que te ocurría ni que contaras tu historia. Todos te comprendían", dice cuando habla sobre la cumbre de miembros de Wounded Warrior Project® (WWP). "Recuerdo que cuando me fui pensé: 'Increíble, tal vez tengo algo para ofrecer a los demás'".

La persona que era Angie cuando regresó de Irak en octubre de 2003 tal vez no habría tenido un pensamiento tan positivo.

La espiral descendente por la que empezó a caer Angie emocionalmente comenzó en Corea del Sur, durante su primer período de servicio en el extranjero, luego de ingresar al Ejército de los EE. UU. en 1998. Una violación no denunciada sentó las bases para su TEPT, que se volvería más grave durante el destacamento de su batallón en Bagdad, Irak. Mientras estuvo allí, Angie coordinó e integró convoys, viviendo con un constante temor a los francotiradores y artefactos explosivos.

Cuando Angie regresó a su país después de pasar más de tres años en el extranjero, los médicos le diagnosticaron TEPT y le dieron la baja médica. "Sentía que cada vez que pedía ayuda, me echaban a patadas", dice Angie. "Al saber que ya no podría volver a usar mi uniforme, sentí que mi vida había terminado. Amaba el Ejército y no quería irme".

Después de retirarse del Ejército, Angie siguió luchando con su situación, por lo que tomaba medicamentos recetados y consumía drogas ilegales para sobrellevar su TEPT. Su matrimonio se derrumbó y fue expulsada de su propio hogar.

"El TEPT me llevó a un nivel de depresión que no creí que existiera", dice Angie. "Me quería morir. Era como un experimento de química. ¿Cuánto puedo tomar en un día para matarme?" Después de varios intentos de suicidio, Angie consultó a un médico que reconoció la urgencia de su caso. Angie decidió comenzar la rehabilitación y empezó a participar en eventos de WWP, donde se pudo conectar con otras veteranas que entendían lo que le estaba pasando.

La cumbre de miembros de WWP fue el mayor punto de quiebre en su proceso de recuperación y le demostró la importancia de tomar compromisos y hacerse responsable de los propios actos. Luego, en febrero de 2014, el Equipo de Actividad Física y Bienestar de WWP convenció a Angie de participar en un programa de CrossFit de 10 semanas. A partir de allí, nunca dejó la actividad física.

Su crecimiento gracias a estos programas le dio la confianza para volver a estudiar. Obtuvo su título de licenciada en psicología y quiere obtener una maestría en trabajo social. "El día que obtuve mi título me sentí victoriosa… ¡WWP realmente me empoderó!", dice.

Angie sigue dedicando su vida al servicio de los demás como veterana mentora de WWP y ayudar y empoderar a otros veteranos, y desea llegar a ser terapeuta para poder ayudar a otros veteranos que lidian con el TEPT.

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